NURSE JACKIE - TEMPORADA 1.
Indiferencia es lo que Nurse Jackie me ha dejado tras cada capítulo y por ende tras su primera temporada. En un principio pareceía prometedora, pero se quedó en eso, en una promesa eterna. La iba viendo por inercia, esperando que por fin pasara algo, que por fin los personajes se desprendieran de su halo de indiferencia y transmitieran algo que les hiciera más tangibles, pero no remontó desde su comienzo, y su final, el consabido cliffhanger, no es que sea tampoco para echar cohetes.
Pero no me malinterpreten. No es lo que se dice mala serie y se deja ver sin mucho esfuerzo. Pero al igual que Weeds (por citar una semejante y de la misma cadena), que la dejé por aburrida, es una producción que tiene buenas semillas pero cuyos árboles no llegan a crecer en ningún momento. Ni un reparto sumamente interesante (Edie Falco, Eve West, Merrit Wever y Haaz Slieman están muy bien) fue capaz de levantar el interés en unos personajes que capítulo tras capítulo ofrecían la misma perspectiva de su personalidad, sin avanzar lo más mínimo. Termina la temporada y no se sabe qué mueve a Jackie, por qué se droga si tiene una buena vida, porqué mantiene una aventura. Con los secundarios, todos en principio llamativos, ocurre lo mismo: cada episodio parece el Día de la Marmota, todo lo que les rodea se repite, no se profundiza en sus psiques lo más mínimo. En cuanto a las tramas, no son más que las mismas historias de hospitales de siempre, con algún artificioso y leve toque de rebeldía (como una eutanasia o una enfermera drogadicta) con la que mantener el sello Showtime (que por más que digan, salvo por la excelente Californication, sigue siendo una tenue sombra bajo la supernova que es la HBO) y llamar la atención del exigente espectador actual. Con el formato corto no se hacían pesadas, pero la verdad es que salvo una o dos líneas narrativas de ninguna guardo recuerdo, pues eran historias nada impresionantes.
En resumen, una temporada superficial y con poca chispa. Por ahora la voy a mantener en el cajón de descartadas, y aunque la verdad es que dudo que vaya a alzar el vuelo de forma tan llamativa como para que me atraiga de nuevo, ya se sabe que las primeras temporadas pueden no ofrecer lo mejor de la serie, así que no la olvidaré por completo por si da la sorpresa.
Aclamada y odiada por igual, incomprendida y amada en medidas semejantes,
Es entendible que al crear las dos tramas centrales prácticamente desde cero (aunque ya habían sido debidamente presentadas en la sesión anterior) el ritmo se resienta, pero no que lo haga tanto. La trama de Maryann (una arrolladora Michelle Forbes) no parece llevar un rumbo concreto y da muchísimas más vueltas de lo debido sobre las mismas ideas, supongo que por la necesidad de rellenar los doce episodios. Eso sí, su desenlace es de primer nivel y no deja ningún mal sabor de boca. Por el lado contrario, la parte de la secta donde Jason se introduce goza de mayor equilibrio narrativo y su relación con el estado actual de los vampiros (magnífica la aparición del sheriff de los licántropos de la zona) ofrece momentos de gran interés. Además, en ella se encuentran los personajes más carismáticos e interesantes (el romántico pasmarote de Bill, el cabronazo de Eric, la alocada pero dulce Sookie, el imbécil simpático Jason y algunos secundarios muy atractivos), mientras que en la línea de Maryann se sustenta prácticamente por Sam Merlotte y sus aventuras, porque como eje central de la misma hay que aguantar a una Tara que todavía no encaja del todo en el conjunto (a pesar de las excelentes labores de la actriz el carácter es bastante tonto y pesado, y su nuevo novio más todavía) y algunos secundarios no tan llamativos. Un tanto descolgado de todo lo demás encontramos una pareja que trae una de cal y otra de arena: la del pueblerino (Hoyt) con la vampira adolescente, personaje éste que con Bill funciona dando momentos de gran humor, pero cuya relación amorosa con el anterior y la relación de éste con su propia madre son realmente cansinas.
Y el reparto se ha elegido un tacto impresionante, como también es habitual en la mítica cadena: todas sus figuras son excepcionales y algunas realmente brillantes. Es difícil limitarse a destacar un par de actores, porque todos merecen un aplauso y muchos uno bien sonoro. Daría un puesto de honor Anna Pakin por ser la figura central y todavía estúpidamente criticada porque su personaje no cae bien a todo el mundo, y a Ryan Kwanten por tener entre manos un tipo de papel que no suele aclamarse, el de tontaina; su labor es simple y llanamente sublime. No menos efectivos son Rutina Weasley (Tara), Nelsan Ellis (Lafayette) o Sam Trammell (Sam), mientras que entre los secundarios hay también grandes figuras: sobresalientes Anna Camp y Michael McMillian como los líderes de la secta (sus papeles son de los difíciles) y la bellísima Deborah Ann Woll como la joven Jessica, amén de la citada Michelle Forbes. Citar también las breves pero intensas apariciones de Allan Hyde como Godric y Evan Rachel Wood como la poderosa vampira. Probablemente sea el mejor reparto de los últimos años, superando incluso al de Perdidos. 
Magnífico. No es que sea el mejor de la temporada, es que está a otro nivel, al nivel que hubiera podido alcanzar sin interferencias de la FOX y yendo más al grano. En menos de una hora te mete todas las ideas que la serie sólo dejaba entrever entre historias torponas, todo el potencial es mostrado a pesar de las aparentes dificultades (presupuesto, tiempo de rodaje y contar con unos personajes distintos). Es un episodio muy bien escrito, original, inquietante, que atrapa en cada escena y exige esfuerzo para seguir una historia hilada en pequeñas dosis. La trama del futuro se mezcla con flashbacks sobre el desarrollo de Dollhouse, erigiendo no sólo una línea narrativa muy completa y equilibrada, sino también con escalofriantes dilemas éticos y muy jugosas ideas de ciencia ficción, amén de que posee numerosos momentos para el recuerdo. 
El episodio piloto que fue emitido me gustó mucho, muchísimo más que este eliminado. Era más simple pero más efectivo, pues a través de un caso aislado se supo presentar bastante bien qué es Dollhouse y cómo funciona y a quienes lo habitan. Los personajes tenían una aparición más escalada y clara, y las motivaciones de todos ellos quedaban mucho mejor explicadas. En el piloto rechazado todos son incluidos de sopetón en una historia confusa y que se desarrolla de forma lenta y con falta de decisión. Tiene conversaciones enrevesadas que meten mucha filosofía y preguntas sobre ética que, aunque interesantes para desarrollar durante la serie (cosa que se hizo muy superficialmente), no llevan a ninguna parte y únicamente consiguen saturar la ya de por sí caótica trama. Creo que por una vez la FOX acertó al indicar que era demasiado complicado, pero es que además tiene un tono frío y distante que lo hace poco interesante.


público ejercen; por ejemplo, el que la misión se retransmita como reality condiciona muchísimo los comportamientos (todos interpretan papeles para quedar bien ante la cámara), sobre todo cuando les exigen (con métodos muy sucios) que actúen de determinadas maneras para aumentar las audiencias. Se ofrecen largos y de nuevo prometedores discursos sobre el alcance de las realidades virtuales y los sentimientos humanos: ¿un ataque en la realidad virtual se debe tener en cuenta como factor psicológico de riesgo?. En esta línea surge el gran misterio del episodio: ¿quién es ese individuo que aparece ante cada tripulante atacándoles en sus viajes virtuales?, ¿hasta dónde llega su poder de influencia (el cambio de personalidad en el comandante y en el médico es notable, por ejemplo)? Y finalmente tenemos una atractiva trama de ciencia ficción que trata sobre los quehaceres diarios en la nave, los problemas técnicos, psicológicos, etc., que rara vez son tratados en la pantalla y me han resultado de lo más llamativo.
El pretender abarcar tanto seguramente ha sido su principal problema a la hora de venderse: primero, el episodio no ofrece un rumbo claro, y segundo, sus posibilidades son demasiado amplias. Entre que es un relato muy inteligente que promete desarrollar ideas complejas y abstractas y que su línea narrativa no está muy concretada, los dirigentes de la FOX se asustaron de lo que tenían entre manos. Además era muy cara de realizar, otro gran factor que desde el inicio del proyecto se anunciaba como aspecto problemático a la hora de garantizar su futuro. Así pues, no ha pasado de este atractivo y jugoso episodio piloto, que fue emitido como película para televisión sin armar mucho revuelo (en la red es otra cuestión: se habla bastante y muy bien de él). A nadie se le escapa que FOX no es una cadena para este tipo de producciones y que le hubiera ido mejor en alguna tipo SciFi (ahora se llama SyFy, es horrible el cambio); la verdad es que no sé cómo llegó a gestarse en dicha cadena.
La mala suerte que tengo con las series no es normal. Para un procedimental al que me engancho después de CSI: Las Vegas y me lo cancelan. Sí, Life, a pesar de ser de lo poquísimo salvable del género ha durado un suspiro. Cuánta morralla hay y para una vez que sale algo medio decente le dan la espalda. El gusto del público es, de nuevo, incomprensible.
De Joss Whedon se esperaba mucho más. Del potencial que se vio en el piloto también. Pero Dollhouse se quedó así y no fue a más. Todo lo que prometía se diluía en narraciones triviales y desaprovechadas. El potencial infinito de la idea planteada, las posibilidades que abría cada caso de personalidad implantada, lo prometedor del asesino Alpha, los personajes tan interesantes que al final no tuvieron una evolución atractiva… Nada llegó a explotar como podría haberlo hecho, los guiones eran más ingeniosos buscando formas de que Eliza Dushku luciera palmito que desarrollando las tramas.
llamativos (Ghost, Man on the Street, Spy in the House of Love) se podrían decir cosas buenas, pero lo cierto es que no alcanzaron un nivel suficiente como para hacer de la temporada algo realmente recordable. Ni si quiera cuando parecía que por fin se lanzaba en el tramo final (con la aparición de Alpha) llega a alcanzar cotas remarcables; de hecho el último episodio, salvo por algún buen momento y la presencia del siempre genial Alan Tudyk, fue la gota que colmó el vaso de la desesperación y la decepción. Nos queda un capítulo que fue realizado para cumplir con el contrato de trece episodios, pero no se verá hasta el lanzamiento en DVD y será independiente de las tramas principales.
Otro aspecto positivo es que la mayoría de los protagonistas tenían bastante que decir. El guardián de Echo, con sus dudas, la jefa, con sus discreciones, el segundo al mando, con sus traiciones, el pasado de algunos de los activos principales (Echo y Sierra), el misterioso Alpha e incluso la doctora, de la que se dejaron intuir cosas sutilmente hasta que al final se descubrió su sorprendente secreto. Sin embargo no terminan de ser exprimidos al máximo, y más teniendo en cuenta que había tiempo de sobra. Y por si fuera poco hay otros caracteres que resultaron notablemente fallidos: el detective y su muñeca no hicieron nada más que aburrir, y cuando por fin, por fin después de tanto dar el coñazo su trama llega a algo, se cargan por completo el personaje con un giro imposible: ¿pero quién se puede creer que aceptara trabajar para Dollhouse?
Resulta que esta primera temporada de Southland consta tan sólo de siete episodios, así que ya que estaba a medias la terminé. Sin embargo mi opinión sigue siendo exactamente la misma que la que escribí para las
El final, como era de esperar, incluye un golpe de efecto para que nos interesemos especialmente por el retorno de la serie. Sin embargo está en el tono de la misma: muy visto, nada sorprendente, mostrado con frialdad y con más interés en triquiñuelas visuales que en dar alguna forma concreta a la escena (se olvidan de tratar de crear tensión).